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Recuérdame, una noche más...

Cada noche el mismo sueño, cada mañana el mismo recuerdo, ese sabor amargo en los labios de despertarse y ver que ella ha desaparecido. Cada noche lo mismo, a la misma hora, Víctor se despierta justo antes de besar a aquella preciosa muchacha. Lleva meses viéndola sin parar, y cada vez que ella empuja la puerta de cristal, él, sentado siempre en la misma silla, siente cómo su corazón se da la vuelta y sus piernas empiezan a temblar. Mira la hora. No falla, las 17:46. Siempre es la misma hora. Esa amplia melena, eternamente suelta en forma de una cascada oscura, contrasta con lo que para Víctor es el cielo, sus ojos azules. Sus miradas se cruzan, siempre lo hacen, ella pide su “cafè latte”, como cada tarde, y se aproxima a la mesa libre a unos metros de él, que siente cómo sus latidos se aceleran. Es su oportunidad, va a pasar justo por delante. Cada segundo está más cerca, ya puede oler su perfume de vainilla. Se levanta, ella avanza distraída, él, seguro de que ella también ha sentid...

Qué nos vas a traer, 2011..?

DONG. -La primera va por… -No, espera, son los cuartos… […] -Ahora sí. DONG. -La primera, por supuesto, va por ti, por todo el año que hemos pasado entre miradas y suspiros, por todo lo que no hemos hecho y por las escasas palabras que hemos compartido. DONG. La segunda, para vosotros dos, por los momentos que sí hemos pasado, los que nos quedan por pasar y por Ditto. DONG. Tres, por todos los demás pedacitos que vienen y van, unas veces todo y de pronto desaparecen, por aquellas amistades intermitentes y las que no lo son tanto. DONG. Cuarta, por los momentos buenos que vienen conmigo desde el primer día subido en un barco hasta el último, subido a la luna contigo, y pasando por todo, todo, todo, y hasta lo más insignificante que haya pasado por aquí. DONG. Por Granadilla y todo lo que ello conlleva, por una de las pocas cosas gratis que se nos ofrecen; por todos los que pasasteis por allí y especialmente por los que pasasteis conmigo. DONG. En medio, como los miércoles. Por tod...

Graacias..!

No quiero hablar contigo hoy, quiero hablar con ella, con toda la magia que podía respirar aquellos años. Toda la alegría que bajaba por el conducto de la chimenea en forma de regalos y caía al suelo, justo debajo de aquel objeto con luces y estrellas. Era una representación de todo lo que existe, en 10 metros cuadrados. Estrellas, luces, energía en una forma muy especial y vida, más vida que nunca, sobre todo por la mañana, cuando papá Noel llamaba a nuestro despertador personal a las 8 de la mañana en plenas vacaciones y nos hacía levantarnos y salir corriendo a buscar paquetitos de ilusión a la habitación que contenía más magia aún que nuestro corazón. La nieve en las ventanas intentando averiguar lo que hay dentro de esas pequeñas bolsitas de colores y nosotros combatiendo su frío con un simple pijama y miles de calorías de emoción. Alguna lágrima cayó por aquel entonces de agradecimiento al cielo, a aquel dichoso ser que se dedicaba a hacer felices a todas las personas del mundo ...

Leyendo contigo...

Es parecido a todo y a nada. Sé que te conozco, pero no sé quién eres. Lo sé todo y no sé nada. Sé que quiero pasar un par de vidas contigo, sé que tu sonrisa me hace sonreír y que tus ojos son el lugar en el que pasar la eternidad sería el mejor regalo para mí. Pero no sé, no sé de dónde puedes haber salido si no es del cielo, no sé tu nombre, y por no saber, no sé ni el mío cuando estás cerca. […] Fue un libro, solo eso. Una sonrisa, un libro y dos manos frías que coinciden. Fue, después, una conversación, un “perdona”, que significaba “encantado de conocerte”; dos corazones que nunca quisieron hablar y que ahora se lo dicen todo; tres minutos, tal vez más, para saberlo todo de ti y luego dos segundos para una despedida. […] Y ayer no sabía quién eras. Hoy lo sé todo. Hoy sé lo que sientes por cada gesto, porque hoy llevamos toda la vida juntos y ahora no sé lo que hay fuera de aquí, fuera de la propia realidad que he creado; viviendo de un sueño todas estas horas; que ya no sé...

Jueves...

Dear Elisa, You may not know me, but yesterday we met by chance on the underground. I was looking for a friend and I found a love. We collided; you kindly said sorry and turned round. From then on I can’t stop thinking about your blue eyes and your brown hair. I can’t forget the way you smiled. I’m watching the moon and all I see is your face on it. Trying to make up my mind and put my feelings in order. I don’t know you; I just know you take the same line at the same time as me. And fortunately, I also know your name (I couldn’t avoid read it on your notebook, sorry). I know I’m giving away my heart telling you this, but you should know I’m only taking that metro line for you; I start working 2 hours later. I haven’t been able to talk to you before, ‘cause I’m quite shy, but since yesterday… I’m falling for you. Your name is written in the stars and I don’t want to give in now… I just want you to know what I think, that my heart gets upside down when he sees you, and that I can...

Justo ahí...

Y estás ahí. Pensaba que te había olvidado, te hacía ya fuera de mi vida. Pero no, tú sigues ahí; te encuentro escondida tras mis recuerdos más felices. Sabía que no podías andar lejos, aunque ni siquiera me lo planteaba, y de pronto te encuentro aquí. Deben ser cerca de las cuatro de la madrugada, y de pronto decides dejarte ver, y te metes en mis sueños sin preguntar siquiera si yo quiero tenerte en ellos. Pero tú ya lo sabes todo, conoces lo que siento, y sabes de sobra que aunque me lo niegue, lo que más deseo es poder tocarte, incluso si solo puedo hacerlo por los recovecos de mi cerebro. Lo sabes todo, no tú, sino la imagen de ti que estoy viendo ahora. Me gustaría que realmente tú fueras la que me conoce con esa perfección, pero parece que no es así… si lo fuera, sé que estarías aquí ahora mismo; y en vez de tocando tu recuerdo, estaría acariciándote, mirándote mientras tú soñaras conmigo :)

Pintando bajo el cielo de tu mente...

Quiero pintar. Quiero pintar algo increíble, pero no quiero hacerlo con un lápiz, sino que quiero pintarlo en tu cabeza. Quiero que sea algo sencillo, ¿por qué no un árbol? Un árbol robusto y fuerte, con ramas grandes sobre las que pequeños seres aguarden a ser vistos, para luego esconderse. Quiero que sus hojas sean tan grandes que no te quepan en las manos, proporcionando sombra en medio del calor y la tranquilidad; un lugar en el que sentarse y contemplar el amplio bosque que se extiende a tus pies. Pero no solo eso. Quiero seguir utilizando el pincel de tu mente. Quiero que bajo ese árbol haya una persona, una mujer, reposando sobre una de las ramas. Una mujer tan maravillosa como el paisaje que la rodea. Apenas se distinguen sus rasgos faciales, pero su perfil es simplemente asombroso. Es tan hermosa que ni si quiera en un dibujo puedes parar de mirarla. Está sentada, mira tranquila al infinito. Y tú no quitas tu mirada de ella, hay algo que tira extrañamente de ti, y que hace qu...