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Las Luces de la Alhambra

No quiero escribirte, no quiero contarte lo mucho que te quiero, o las ganas que tengo de tirarme abrazado a ti a ver las estrellas… Pero tampoco puedo dejar de hacerlo. Quiero decírtelo, quiero gritar a toda voz tu nombre, que te enteres de lo que ya sabes, y repetírtelo mil veces más… y luego otras mil… quiero darte la mano y ver Granada, ver las luces de la Alhambra reflejadas en tus ojos mientras no dejo de mirarte, los sonidos mezclados con tu respiración… Oler todas las flores del camino y no ser capaz de olerte más que a ti, andar abrazando a cada farola, abrazándote a ti… Y que no se me ocurre nada mejor que pasar mis horas contigo, mil horas contigo, que contar los segundos entre los que te digo lo que siento, que te quiero, y que no hay nada más, que eres tú, y que tú eres lo único que veo tras cada esquina… Que quiero sentarme en un banco contigo, ver la vida pasar en tus ojos en silencio… como si no existiese nada más, como si sólo estuviéramos tú y yo… Buscar un final ...

Córdoba...

" Te voy a escribir la canción más bonita del mundo... ", voy a plasmarlo todo en un papel, un cuadro a base de letras y sonidos; voy a retratar nuestra historia, mi historia contigo, todo lo que hemos pasado y lo que nos queda por pasar, eso también. Empezaré por ahora, empezaré describiendo tus ojos brillando a la luz de un par de velas mientras me observas escribir, tu pijama con olor a vainilla, restos del perfume que parece adherido a tu piel, haré que todo el mundo pueda incluso oler lo que escribo, lo sentirán tan real que no podrán hacer otra cosa que desear poder verte, tocarte, acariciar tus mejillas sonrosadas -adoro cuando se tiñen mientras me sonríes-; luego seguiré describiendo nuestro día, paso a paso, una palabra por cada paso, por cada piedra de cada calle de Córdoba, nuestro tranquilo paseo bajo el frío del invierno, la escarcha posándose poco a poco sobre tu pelo. Describiré los parques, los bancos y las miradas, dibujaré tu rostro sonriente sólo con palabr...

El mundo...

Y tú pensando que ya nada podía sorprenderte, con esa mala costumbre de no esperar nada de los demás, de seguir pensando que todo está visto, que el pequeño grupo de genios ya está definido y que los demás no pueden sobresalir, que todos han de ser iguales; te empeñas en establecer un mundo monótono y apagado, sin esperanzas de que nadie haga algo que te haga abrir los ojos y sonreír. Hasta que hay alguien que lo hace. Sale del rincón menos sospechado, asoma la cabeza desde la enorme olla de guisar y recita un poema distinto cada día: Nada... Y mil historias que contar... Recuerdos que baña el olvido, porque no se quieren recordar. ¿Quien no tiene un recuerdo, que por olvidado elegido, tiene tanto miedo al olvido, como a volverlo a recordar? Tu eres lo que nunca tuve, lo que jamás olvidaré... Nunca fuiste nada, y sin ser nada... Siempre serás más. Y te crees que lo has visto todo, que por encontrar una cualidad de una sola persona ya lo conoces todo, y entonc...

This Song Saved My Life...

A veces creo que llegaste demasiado pronto, que no deberías haber aparecido hasta unos años después, tal vez 2 o 3 hubiera sido suficiente. Y entonces me pregunto qué habría pasado en ese caso. Me resulta realmente difícil pensar en ello, soy incapaz de imaginarme sintiendo algo distinto por ti. Y, ¿qué habría pasado si hubiera aparecido otra antes que tú? Otro olor, otros ojos, otra sonrisa, otros gestos,... Y me pregunto si nada sería igual, si el olor a vainilla me seguiría provocando un nudo en el estómago o si, por el contrario, me produciría indiferencia; si seguiría adorando las melensas lisas y los ojos marrones... Porque lo que realmente me pregunto es eso, si todos mis gustos, todo lo que hace que se erice cada poro de mi cuerpo depende de ti o si eres tú, fruto de la casualidad, que te adaptas a la perfección a ello. El tiempo sigue pasando y yo sigo aquí sentado, preguntándome por todo lo que podría ser contigo y por todo lo que habría sido sin ti, mientras veo a la gent...

"1940"

Es una mañana soleada de principios de mayo. Entro en la cafetería de la esquina, aquella tan antigua. Los olores y sonidos embriagan todo mi ser: el murmullo de la gente, el olor a café y tostadas, el sonido de las sillas al ser arrastradas. Me acerco a la mesa del final, la de la esquina, y me acomodo en una de las sillas orientadas hacia la puerta. Siempre elijo el mismo lugar. —Buenos días, señora, ¿le pongo lo de siempre? —me pregunta la camarera. —Sí, por favor. Un café con leche, con mucha nata, como siempre. Sí, ya sé que suena extraño, pero me encanta. La camarera llega rápida- mente con mi bebida. —¡Que aproveche! —exclama. —Muchas gracias, Carolina. Aspiro el dulce aroma procedente de mi taza, la sujeto con ambas manos y cierro los ojos para darle el primer sorbo. En la primera mesa del local, una muchacha se muerde las uñas. Parece nerviosa. —Buenos días, ¿has decidido ya lo que quieres tomar? —le pre- ...

Y mucho menos a ti...

Hoy tengo por fin un poco de tranquilidad, y justo ahora decides hacerme una visita, regalarme ese privilegio que es pensar en ti aunque sea por un momento. Y yo odio tu capacidad para hacerme sentir tan bien, tan terriblemente lleno, tan desagradablemente feliz, tu capacidad para hacer que lo vea todo con un poquito más de luz; las diez de la noche y el reflejo de tu pensamiento iluminando todo el cielo. Y odio eso porque nunca te has dignado a regalarme algo de TU luz, en lugar de la que produce tu recuerdo... Hoy estás más radiante que nunca, puedo verlo desde aquí, aunque no estés conmigo, puedo sentirte más cerca que nunca, sobre todo después de esta tarde. Te quiero. Las luces de Granada le dan un brillo especial a la realidad; tu sonrisa me ilumina el c orazón y la fuente arroja una tenue luz sobre nuestro parque, aquél donde, casi sin querer, caminamos de la mano por primera vez. Un paseo inocente, agradable, y entre dos amigos. Pero ambos sabíamos que eramos mucho má...

Vanilla Sky...

“Que me abraces cuando menos me lo espere...” y parar el tiempo otra vez, juntos como al principio, soñando por los tejados de Granada; que compartas esta vista conmigo, un atardecer con música, sentado sobre las tejas de la ciudad, el cielo naranja y el mundo en silencio, esperando para escucharnos decir cualquier cosa... pero sabemos que no lo necesitamos, ¿qué más se puede decir?, ¿qué más se puede pedir cuando lo tienes todo, cuando sientes que hasta podrías alimentarte a base de miradas..? En ese momento nadie espera nada, porque no se puede tener nada más. Tú, yo, los pájaros rodeándonos en el cielo, deseando poder alcanzar la mitad de altura que alcanzamos nosotros cuando estamos juntos, cuando nos sentimos aunque sea a cien mil kilómetros, en cada segundo desde que me dijiste “te quiero”. Y volver con las mariposas en el estómago, la sonrisa estúpida y las miradas al infinito que solo esperan cruzarse contigo, con un reflejo de ti en el cielo, en un rayo de sol; volver con tod...