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Frío

Granada ya ha empezado a congelarse sin ti. Y ahora, ¿con qué me quedo yo? ¿Qué me queda? Si las estrellas te las has llevado tú en tus ojos; si el sol ya ha amenazado con permanecer para siempre en tu sonrisa... Te escribo sobre la nieve un par de solitarias palabras. Las dos malditas palabras. Las que nunca te dije. Que te quiero, te quiero desde el primer día. Desde aquél encontronazo. Desde antes. Desde que descubrí lo que faltaba en mí y empecé a buscarte ya sabía que eras tú. Que lo serías. Y nada más esperanzador que mi maldita certeza. Y ahora nada más que soledad. Suspiros a la eternidad por no haber sabido decírtelo, por no haber querido. Por elegir refugiarme como un cobarde en la mediocre comodidad, en la insípida emoción de mirarte desde lejos. Por elegir no decirte que construiría un mirador alrededor de tus caderas, que desearía vivir solo para verte despertar cada mañana. A la mierda el resto de mis días si a cambio tengo tus amaneceres. Y así, hasta que vuelvas...

Mirada eterna

Sentado aquí no soy capaz de más que buscar incansable tus ojos azules. ¿Dónde has ido? Las montañas, majestuosas, me tapan con su nieve todo el calor que tú me dabas y yo, desde aquí arriba, miro al otro lado por si te has escondido allí. ¿Por qué te has ido? Nos acabamos de conocer, aquí sentados en la plaza de nuestra vida, la misma de aquel primer día en el que apareciste iluminando como el sol, ahuyentando a todos mis fantasmas, dándole color a todas las sombras de mi cabeza. Conocerte, enamorarme de ti cada mañana al ver tu sonrisa, aprenderme tus curvas cada vez que te vuelva a tocar. Aquí estamos, juntos otra vez. Tus ojos ahora grises reflejan los años que nos hemos mirado, aunque ahora no estés, y yo siga mirando las nubes reflejadas en este río que se lleva mis recuerdos como cada tarde, para que cada mañana vuelva a buscarte otra vez. A buscar tu mirada azul, tus ojos grises que ya no están.

Crepúsculo

Soy tan solo el viento que ya no despeina el eco de tu voz, tus pisadas en la hierba, diminútil de nuevo. La escritura de nuestro amor tallada con pluma sobre piedra. Una mentira. El murmullo ahogado del río que no fluye en la canícula. Inexistente. Soledad absoluta en el más asfixiante bullicio. Distorsión. Tu mirada en el cristal que despedazaste al marcharte. Una ilusión. La última hoja que cae derrumbada por el frío. Una despedida.

Alcohol y nortes...

Busco ojos mágicos color miel con sabor a frambuesa; cabellos de oro, ignoro posibles afecciones cutáneas. Busco manos suaves que dibujan sonrisas entre lunares; brazos que botan balones de baloncesto. Busco luz de la Alhambra que se refleja en una mirada; arco y flechas que una vez imaginé. Busco voz aguda que atraviesa paredes y corazones; paseo perdido que se encuentra a sí mismo muy alto. Busco arco circular con el espectro de colores que se refleja en el cielo de una boca; flashes de camaras que hacen fotos en lugares lejanos. Busco semáforo que se ve desde aquí arriba y cambia de color cada 20 segundos; sonrisa con forma de medialuna pero mucho más grande. Si encuentra alguno de los productos, contacte aquí. A cambio: Las mejores vistas que jamás ha presenciado.

Empty river...

Imagen
Vienes a dar un paseíto por el río? Creo que podríamos encender los farolillos con el roce de nuestras manos, tal vez iluminar toda la ciudad con la luz que me dejas poner en tu corazón. Diez minutitos, solo diez, con el frío de la noche de Granada y el calor de tenerte cerca. Diez minutos más que pasan mientras yo sigo aquí subido buscando mi vida en tu mirada. Diez minutos más después de otros diez de encontrarte en las estrellas y no en mi cama. Diez minutos, y diez más...

Mil gracias, de nada,...

Y al final te escribo a ti. A la misma de todos estos años. Tú, que te ocultas tan bien entre los recovecos de mi cabeza. Tú, que apareces en medio de mis noches en vela, de mis días grises. Tú, a quien abrazo sin querer, sin querer a nadie más. Cambian las formas, los colores y los perfumes, pero detrás de todos los ojos que me miran sólo estás tú, tan hermosa como siempre. Y yo, inmóvil como cada vez, me alimento del azúcar que desborda tu sonrisa de niña buena. Esa sonrisa que no sabías disimular al verme y que ahora regalas a cualquiera mientras yo la imagino en las estrellas. Y ellas me miran y se ríen, mientras yo sigo aquí abajo, soñando con ir allí arriba contigo y llegando cada día un poco más hondo, pues hasta el suelo se marchita si le falta tu alegría, pues hasta los relojes, esos que hacíamos volar entre nuestros dedos, se han parado sin tu cuerda… :)

Nada de nada...

Como un suspiro en plena noche, un vello que se eriza o un roce en medio del gentío. Como el sonido de mis pensamientos que te gritan , un destello en tu mirada, el levitar de una hoja en pleno otoño o una caricia al aire. Como una imagen que no dura un parpadeo, el perfume que vuela más rápido que el viento, el mensaje en la botella en medio del océano o un copo de nieve entre millones. Así. Como sonido en el vacío, el alarido de una estrella que se apaga, una piedra que intenta alcanzar la luna o una luz que se enciende aunque nadie la mire. Como una cuerda desafinada en un piano abandonado, una brisa sin aire, un instante perdido en el tiempo, un segundo de tus ojos...